sábado, 11 de octubre de 2014

Fondo Antiguo de la Universidad de Sevilla

Como ya mencionamos en otra entrada, el pasado jueves tuvimos la oportunidad de llevar a cabo nuestra EPD visitando el Fondo Antiguo de la US. Una gran oportunidad, desde luego, sobre todo teniendo en cuenta que no todo el mundo puede entrar a semejante lugar todos los días.
Para ello, debido al patrimonio que allí se encuentra, realizamos la visita en grupos de diez en diez, cada uno con una hora asignada. A mí me tocó el primer turno: diez de la mañana, y allí que fui, al Rectorado de Sevilla, tarde y mal, en busca de un sitio que no hubiera encontrado de no ser porque en el camino encontré a unas compañeras.
Una vez allí, el encargado se dedicaría a mostrarnos el funcionamiento de los catálogos del Fondo Antiguo (con clasificaciones que van desde topónimos a nombres) e incluso de las microformas con las que conservan los documentos más antiguos a través de fotografías, y que pueden ser consultados a través de la red. Acto seguido también nos puso en bandeja ejemplares de libros desde el siglo XVIII hasta el siglo XV, siendo estos desde ejemplares de lujo apenas usados por la nobleza de la época a documentos en mal estado, en pergamino, que trataban de ser una recopilación de los acontecimientos relevantes sucedidos la época (lo que denota claramente el comienzo de la prensa). Los dos que más llamaron mi atención fueron, sin duda, el atlas, cuyos mapas estaban realmente conseguidos para la época de la que hablamos (1485) y cuyos grabados tenían una elaboración admirable; y el libro en el que, tras una nota en la que se confirmaba la expurgación del ejemplar, se apreciaban párrafos y frases tintados a modo de censura, de manera que fuera imposible leer lo que se había escrito. También resultaba muy evidente el contraste con los mapas del último libro que nos mostraron (y por consiguiente el más antiguo): no se asemejaban apenas nada a la realidad, y estaban a años luz de los presentes en el atlas a pesar de que entre ellos apenas distaban cien años.
En todos coincidían la cuidada caligrafía y la evidente elaboración que tenía a las espaldas la creación de un de aquellos libros, con grabados en tinta y florituras varias en cuanto a tipología textual.

Sin duda fue una visita interesante y, sobre todo, esclarecedora acerca del pasado, pues a pesar de que ya se da por sabido, siempre es bueno recordar de dónde venimos, y el camino que hubo que recorrer para llegar hasta donde estamos: en pleno apogeo de las nuevas tecnologías y de la difusión de una información que, sin embargo, ya se encargaban de expandir nuestros antepasados con los recursos de aquel entonces.

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